Una mala mala hierba

20 de mayo, 2020 - Hierbajos - Comentarios -

Si hay una planta cuyo nombre nos suena a todos esa es la cicuta. Otra cosa es poder identificarla en el campo. Y eso que se trata de una mala hierba muy común y ampliamente distribuida. Podemos encontrarla en cualquier descampado, borde de camino o cerca de arroyos y acequias. Es una planta bianual de 1,5 a 2,5 m. de alto con pequeñas flores blancas agrupadas en umbelas. Su nombre científico (Conium maculatum) alude a su denominación en la antigua Grecia, “Koneion” y a una característica de la planta que nos puede ser muy útil para su identificación, unas manchas (máculas) purpúreas en el tallo. También se puede diferenciar a esta planta de otras parecidas de la familia de las umbelíferas, como la zanahoria silvestre o el hinojo, por tener un fuerte olor desagradable, como a orina de gato.

La cicuta contiene varios alcaloides presentes sobre todo en los frutos inmaduros que pueden producir anestesia sobe los nervios sensitivos. Por ello se ha empleado tradicionalmente a pequeñas dosis para combatir el asma, la tosferina y hasta la epilepsia. Y es que, como dijo el célebre médico y alquimista Paracelso, “Sólo la dosis hace el veneno”. Uno de los alcaloides de la cicuta, la coniína, es un potente neurotóxico capaz de producir la paralización del centro nervioso respiratorio y provocar por tanto la muerte por asfixia. La ingestión de dos gramos de frutos verdes de cicuta es suficiente para producir la muerte a una persona adulta en 3-4 horas.

El veneno de la cicuta es conocido desde la hace miles de años. Era usado por los egipcios y en la antigua Grecia era el método que se empleaba para ejecutar a los reos. El célebre filósofo Sócrates, en el año 399 A.C. fue condenado a muerte acusado de corromper a la juventud e inducir al culto de nuevas divinidades y obligado a beber una copa de vino con extracto de cicuta. En la antigua Roma, Séneca (consejero de Nerón) también fue envenenado con cicuta después de ser acusado de conjurar contra el emperador.

La cicuta, una mala hierba que en este caso sí tiene bien puesto el adjetivo.

 

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